Las mujeres rurales paran los pueblos por la igualdad

 In Fademur

FADEMUR reivindica soluciones para los problemas de las mujeres rurales así como para aquellos compartidos con el resto de su género. Para hacer eco de estas demandas, FADEMUR llama a todas las mujeres de los pueblos a secundar la huelga y, a su vez, pide al resto del mundo rural que apoye a las mujeres en las movilizaciones convocadas en cientos de pueblos de toda España.

La Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR) realiza un llamamiento a todas las mujeres del mundo rural a secundar la huelga convocada con motivo del Día Internacional de las Mujeres. «Las mujeres que vivimos en los pueblos sufrimos muchos ejemplos de desigualdad. Parando nuestra actividad diaria visibilizaremos, por segundo año consecutivo, que nuestro papel es indispensable y que el feminismo no es una moda solidaria, es una lucha justa que no cesará hasta que la igualdad real llegue hasta el último rincón del mundo», dicen desde la organización.

Además, FADEMUR pide al resto del mundo rural que apoye a las mujeres en las movilizaciones convocadas. “El feminismo es igualdad, que no podremos conseguir sin el resto de la sociedad”, aseguran desde la organización rural.

FADEMUR recuerda que las mujeres rurales sufren una doble discriminación, la dictaminada por su género y la impuesta por las desventajas de vivir en el mundo rural. «Por lo general vivir en pueblos pequeños agrava las desigualdades a las que las mujeres ya se enfrentan en las ciudades». Así ocurre con los siguientes problemas a los que se enfrentan los cinco millones de mujeres rurales que viven en España:

  • Desempleo. Las oportunidades laborales son escasas en los pueblos, especialmente para las mujeres rurales, quienes sufrimos una tasa de desempleo superior al 42%.
  • Invisibilidad. Nuestro trabagjo en el sector primario todavía es en muchas ocasiones invisible. A pesar de que tenemos una Ley de Titularidad Compartida desde hace ocho años, los Gobiernos no la han impulsado en todo este tiempo y, por eso, se ha aplicado de forma muy irregular (en algunas Comunidades Autónomas todavía no hay ni una sola explotación inscrita) y en todos los casos insuficientemente (en total hay poco más de 500 explotaciones registradas en España).
  • Discriminación. Los techos de cristal son más bajos en el mundo rural. La presencia de mujeres en cargos de responsabilidad del medio rural es injustamente escasa. En los consejos rectores de las cooperativas agroalimentarias, por ejemplo, solo el 3,5% de sus integrantes son mujeres, mientras que en su base social las mujeres representan el 25%. Otro indicador de estas barreras es el porcentaje de mujeres jefas de explotación: en 2016 solo el 23% de los administradores de una explotación agropecuaria eran mujeres.
  • Desigualdad. La Política Agraria Común (PAC) sigue sin implementar una perspectiva de género a pesar de que rige el sector más potente económicamente en el mundo rural: el sector agrícola, y supone la partida presupuestaria más importante en la UE. En España las mujeres representan el 37,3% de las personas perceptoras de las ayudas directas de la PAC, es decir, 279.815 mujeres frente a 470.397 hombres reciben esta subvención. En cuanto a la cuantía, las mujeres también salen mal paradas: de media, las productoras perciben un 36,67% menos que los productores (3.483€ las mujeres frente a 5.500€ los hombres). Por último, Lo mismo ocurre con las ayudas para los programas de desarrollo rural: el diferencial económico entre géneros llega a un 23,66% de las ayudas, viéndose perjudicadas las mujeres.
  • Brecha salarial. Las trabajadoras por cuenta ajena también sufren en el medio rural una brecha salarial en comparación con los hombres. Una desigualdad que nos convierte en habitantes de segunda categoría y que lastra nuestra promoción social y económica.
  • Dependencia. Las mujeres rurales vivimos en primera persona la carga y la falta de reconocimiento del trabajo doméstico no remunerado. La “ayuda” y el “cuidado” se consideran nuestra tarea en muchos casos y son cargas más elevadas para las mujeres en los pueblos que en las ciudades debido a los escasos servicios con los que cuenta la población dependiente.
  • Brecha digital. La brecha digital entre el mundo rural y el urbano perjudica las posibilidades de autoempleo y emprendimiento de las mujeres que viven en los pueblos. El último Informe sobre Banda Ancha de la Secretaría de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda digital asegura que el 60% de los municipios rurales no tienen conexión por banda ancha o esta es muy defectuosa o cara, lo que se denomina estar en una “zona de sombra”.
  • Violencia. A pesar del Pacto de Estado alcanzado el pasado año, la lucha contra la violencia de género sigue sin medios suficientes. Hay que invertir contra esta lacra que asesina a mujeres. Tanto en concienciación como en intervención, el medio rural cuenta con menos recursos y, por ello, las mujeres que viven en él son más vulnerables. Sobre la percepción de la violencia de género por parte de la población, de un estudio de Fademur Galicia se desgranaba que casi la mitad de las mujeres que viven en zonas rurales de esta Comunidad desconocen las campañas informativas sobre violencia machista publicadas en los medios de comunicación y más del 60% de las encuestadas rurales ni siquiera habla de la violencia machista en su círculo más íntimo. En cuanto a la intervención, el personal médico, de los ayuntamientos y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado presentes (escasamente) en el medio rural necesitan formación específica al ser la primera (y única) barrera de auxilio de las mujeres rurales contra la violencia

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