Mujeres rurales: imprescindibles en la estrategia del futuro del mundo
Este 2026 el mundo dirige su mirada hacia las mujeres rurales. La decisión de las Naciones Unidas y de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) de declarar 2026 como Año Internacional de las Mujeres Agricultoras sitúa, por fin, en el centro del debate global una realidad que desde FADEMUR llevamos décadas defendiendo: sin mujeres no hay medio rural, no hay soberanía alimentaria, no hay sostenibilidad y no hay futuro.
La iniciativa internacional no es únicamente un reconocimiento simbólico. Llega en un momento geopolítico especialmente complejo, marcado por conflictos armados, crisis climáticas, inseguridad alimentaria y despoblación rural. En este escenario, las mujeres rurales representan una pieza estratégica para garantizar la estabilidad social, económica y ambiental de numerosos territorios del planeta.
Las agricultoras, ganaderas y mujeres del medio rural sostienen buena parte de la cadena alimentaria mundial. Son productoras, transformadoras, cuidadoras de la biodiversidad, emprendedoras y agentes esenciales de cohesión territorial. Sin embargo, continúan enfrentándose a desigualdades estructurales: menor acceso a las tierras, a la financiación, a la innovación, a la titularidad de las explotaciones y a los espacios de decisión.
Precisamente por ello, la FAO ha señalado que el Año Internacional de las Mujeres Agricultoras debe servir para impulsar políticas públicas que cierren estas brechas y fortalezcan el liderazgo femenino en los sistemas agroalimentarios.
Una oportunidad histórica
Desde FADEMUR entendemos esta declaración internacional como una oportunidad histórica. Una oportunidad para visibilizar el trabajo de millones de mujeres rurales que durante demasiado tiempo han permanecido invisibles pese a ser imprescindibles. Y también una oportunidad para recordar que las mujeres rurales no son únicamente víctimas de las desigualdades: son protagonistas de las soluciones.
Porque hablar de mujeres rurales es hablar de sostenibilidad. Allí donde hay mujeres, hay más arraigo, más respeto con el entorno, más diversificación económica, más servicios y más vida. Las mujeres son fundamentales para fijar población en los pueblos, combatir el envejecimiento demográfico y garantizar el relevo generacional en el sector agrario. Su presencia fortalece el tejido social y multiplica las oportunidades de desarrollo rural.
Pero hablar de mujeres rurales hoy también implica hablar de resiliencia frente a las grandes crisis globales. En numerosos territorios afectados por conflictos o emergencias humanitarias, las agricultoras y ganaderas soportan una doble carga: la derivada de la violencia y la vinculada a las desigualdades de género.
En países como el Líbano, Siria o Palestina, muchas mujeres rurales continúan sosteniendo la producción alimentaria y el cuidado de sus comunidades en condiciones extremas, enfrentándose al desplazamiento forzoso, a la pérdida de recursos y al incremento de la pobreza rural. Aun así, siguen siendo un pilar esencial para la seguridad alimentaria y la reconstrucción de sus territorios.
La emergencia climática es otro factor añadido a esta realidad. Ya lo vimos el verano pasado y, es que, las sequías, los incendios, los fenómenos meteorológicos extremos y degradación de los ecosistemas afectan especialmente a quienes dependen directamente de la tierra y del ganado. Y nuevamente, las mujeres rurales se sitúan en primera línea. La propia FAO advierte de que las mujeres sufren de manera desproporcionada los efectos del cambio climático debido a las desigualdades previas en el acceso a recursos y derechos.
En este contexto, el Año Internacional de los Pastizales y de los Pastores, que también se conmemora en 2026, adquiere una relevancia especial y complementaria. El pastoreo extensivo y la ganadería sostenible desempeñan un papel esencial en la conservación de ecosistemas, la prevención de incendios y la adaptación climática. Y en muchos de estos sistemas productivos, como en otros ámbitos, las mujeres han sido históricamente invisibilizadas pese a sostener tareas fundamentales vinculadas al manejo ganadero, la transformación alimentaria y la transmisión de conocimientos tradicionales. La doble conmemoración internacional permite reforzar un mensaje claro: no habrá transición ecológica justa sin las mujeres rurales.
Por una sociedad más justa y sostenibe
FADEMUR lleva años construyendo ese camino. A través del impulso al emprendimiento femenino, la lucha por la titularidad compartida, la defensa de servicios públicos dignos en el medio rural, el apoyo a las víctimas de violencia de género o la promoción de redes de cooperación entre mujeres rurales independientemente de su edad, nuestra organización trabaja para garantizar que las mujeres puedan desarrollar proyectos de vida dignos en sus pueblos.

También lo hacemos desde la convicción de que defender a las mujeres rurales es defender un modelo de sociedad más justo, sostenible y con capacidad de adaptación al cambio. Frente a un mundo cada vez más tensionado por las desigualdades y las crisis globales, las mujeres rurales representan una fuerza transformadora capaz de generar comunidad, proteger los territorios y asegurar alimentos para millones de personas.
El Año Internacional de las Mujeres Agricultoras debe servir para reconocer esa realidad, pero también para actuar. No basta con visibilizar; es necesario invertir, legislar y garantizar derechos. El futuro de nuestros pueblos, de nuestros sistemas alimentarios y de nuestra capacidad colectiva para afrontar los desafíos globales depende, en gran medida, de ello.
Desde FADEMUR seguiremos trabajando para que las mujeres rurales ocupen el lugar que les corresponde y tengan voz en el centro de las políticas rurales, alimentarias y climáticas. Porque cuando las mujeres rurales avanzan, avanzan también los pueblos y avanza el mundo.





