“Los requisitos para hacer cosmética artesanal son iguales a los que se pide a una gran empresa, para nosotras es imposible cumplirlos”

 In Emprendimiento, Fademur

Lo de pasarse tres pueblos fue, para Esther Girabet, otro capítulo de toda una vida en el medio rural de Lleida. Ocurrió cuando se mudó de su Els Alamus natal (796 habitantes) a El Poal (626 habitantes). Allí está recuperando una masía, un escenario perfecto para vivir con su familia de acuerdo a su filosofía de vida y, además, desarrollar un proyecto que empezó como alternativa profesional pero, sin que ella pudiera predecirlo, ha crecido hasta convertirse en una cooperativa de mujeres decididas a conseguir un sueño: profesionalizarse como artesanas de la cosmética natural.

¿Permanecer en el medio rural fue una decisión propia o te fue llevando la vida?

Fue una decisión totalmente consciente. Sé cómo se vive en un pueblo y cómo se vive en una ciudad. No se diferencia solo por la calidad de vida sino también en todo lo que representa el territorio, el sentido de pertenencia, y bueno, es que es todo. Conoces a cada persona, existe una red que no está escrita en ningún lado pero sabes que si necesitas a una persona puedes contar con ella. De hecho, fue una de las primeras cosas que notamos cuando nos mudamos aquí, venían los vecinos a darnos la bienvenida y nos ofrecían ayuda en lo que necesitásemos.

Has nombrado una palabra emblemática para FADEMUR, la “red”. Como tú dices, no está escrita pero es algo intrínseco para los pueblos. Tú que llevas poco tiempo ligada a FADEMUR, ¿ya has tenido oportunidad de formar parte de esta red?

Entré en la lanzadera de emprendimiento de FADEMUR, Ruraltivity, en septiembre del año pasado y lo primero que hice fue recibir un curso de legalización de cosmética natural (un problema que trae de cabeza a mi sector). Desde entonces también formo parte de un grupo de Whatsapp específico de artesanas de FADEMUR de la cosmética natural. En él compartimos dudas, experiencias, sabidurías también… Es muy bonito ver eso, no contemplar a las demás como competencia sino compañeras que están en la misma situación que tú y que pueden ser tu soporte. Va en consonancia con la manera de pensar que tenemos en la cooperativa de mujeres de la que formo parte, Avantva. Nosotras decimos que compartir es ampliar, siempre.

¿Qué problemas afectan al sector de la cosmética natural?

Hay varios. A la hora de saber cómo funciona, informarte y conocer cuáles son los pasos a dar cuando te decides a comercializar la cosmética que haces, es muy complicado porque no existe una información práctica y adecuada para facilitarlo.

Luego también está que los requisitos para hacer cosmética artesanal son iguales a los que se pide a una gran empresa que hace una producción de diez mil unidades diarias. No están adaptados a las producciones artesanales, para nosotras es imposible cumplirlos.

Tampoco existe una formación homologada. En algunas comunidades hay un carné de artesano o artesana, pero si quieres formarte para profesionalizarte no tienes opciones.

¿Crees que esta falta de adecuación también va en contra de los consumidores y no solo de los productores?

Por supuesto. Impide que el público acceda a productos de una gran calidad y que tienen beneficios sociales, medioambientales y económicos imposibles de lograr por producciones industrializadas. Va en contra de toda la sociedad. Por ejemplo, piensa simplemente en los ingredientes de un producto. En las etiquetas no se recoge el origen de los ingredientes, si éstos provienen de una producción ética, si las trabajadoras y trabajadores están en buenas condiciones, etc.

En un momento dado, un grupo de personas que os enfrentáis al mismo problema y compartís los mismo valores os unís dentro de la cooperativa Avantava. ¿Cómo ha sido vuestra trayectoria?

Todo nació como algo individual. Yo tengo tres hijos. Me he dedicado a su crianza durante mucho tiempo. Cuando el menor empezó la escuela, quise volver al mercado laboral y realizarme profesionalmente pero en un trabajo que me permitiera cierta conciliación, que vayan a la escuela no significa que no sigan necesitando cuidados. Por eso, me planteé emprender y, para ello, me pregunté “de entre todas las cosas que me gustan, ¿cuál es la más factible?”. Entonces pensé en montar un obrador cosmético legal y elaborar mis propios productos.

Bueno, la historia no iba así aunque yo no lo sabía todavía. Cuando empecé a informarme vi todo lo que se complicaba la cosa. Montar un obrador es prácticamente imposible para una persona. Me di cuenta de que si esto me pasaba a mí, tenía que haber muchísimas artesanas que estarían luchando contra lo mismo. Así que pensé en abrir mi obrador a otras personas, compartirlo con quienes, como yo, también quieren profesionalizarse. Ahí fue cuando empezamos con Avantva.

¿Quiénes formáis esta cooperativa?

Está abierta a todo el mundo, pero ha coincidido que solo somos mujeres. Somos veinte, aunque el obrador tiene capacidad para el doble. Pero queríamos que los proyectos de cada cual creciesen con la cooperativa.

Creo que por algo es una cooperativa de mujeres. Para algunas, nuestro motivo para formar parte de Avantva es la conciliación familiar. En otros casos puede ser porque el marcado laboral de sus pueblos no les ofrece una alternativa. En el caso de otras compañeras se mezclan ambos factores. Cada historia es diferente porque tenemos una franja de edad muy, muy dispar que va desde los ventipocos hasta casi los sesenta, así que cada una tiene su razón.

Además de las reivindicaciones para vuestro sector, ¿tenéis algo en común?

Las personas artesanas compartimos una manera de ver la vida y de vivirla. Y las artesanas que hacemos cosmética natural, en mi opinión, compartimos esta forma de amar a las otras personas. Yo siempre digo que es un acto de amor porque todas empezamos por las ganas de cuidar el cuerpo de nuestras personas más cercanas. Nosotras también creemos que otro mundo es posible. Creemos en la sostenibilidad y en los pueblos como escenarios perfectos para ella. Creemos en que nuestras decisiones a la hora de producir y consumir pueden ser un motor de cambio. Y por último, creemos en las redes y en la economía social y solidaria.

¿Cómo soñáis vuestro obrador y de qué manera queréis conseguir la financiación?

Hemos lanzado una campaña de crowdfunding con buenos resultados. Cada vez estamos más cerca de hacer realidad las instalaciones que necesitamos. Constarán de un obrador cosmético compartido, una parte agroalimentaria separada, una tienda donde venderíamos productos de la cooperativa así como productos de proximidad y, por último, de un espacio de divulgación e iniciativas sociales para crear conciencia.

¿Os plantearías el uso de nuevas tecnologías para poder vender, por ejemplo, al resto del territorio?

Bueno, muchos consumidores utilizan con frecuencia cosméticos que proceden de países muy lejanos. En comparación a éstos, nuestros productos podrían ser considerados “de cercanía” por consumidores de otras Comunidades Autónomas. Pero, en todo caso, nuestro ideal es que en cada lugar del mundo haya un espacio como el nuestro donde puedan elaborarse productos artesanales que abastezcan a la población de su entorno.

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